1
LA JUVENTUD el Mar Nov 24, 2009 5:41 pm
MONICA
Administrador
El otro día una persona joven me preguntó que se sentía al ser vieja.
Me sorprendió mucho, ya que no me considero vieja.
Cuando vio mi reacción inmediatamente se arrepintio de lo que habia dicho, pero le expliqué que era una pregunta interesante y que la pensaría y le haria saber mi respuesta.
Mi decision es que hacerse vieja es un regalo.
Yo soy ahora, probablemente y por primera vez en mi vida la persona que siempre quise ser.
Algunas veces me miro las arrugas, los ojos con ojeras, y las canas. Y a menudo me sorprendo de la persona que vive en mi espejo, pero no pienso sobre estas cosas por mucho tiempo.
No cambiaría mis sorprendentes amigos, mi vida y mi familia, por menos cabellos canosos y un estómago plano. Al envejecer, me he vuelto más amable conmigo, y menos crítica sobre mí misma. Me he convertido en mi amiga.
No me regaño por comer una galleta extra o por no hacer mi cama o por no comprar ese juego de cojines que no necesitaba. Estoy en mi derecho de ser un poco desordenada, ser extravagante y oler las flores.
He visto a muchos queridos amigos irse de este mundo muy pronto, antes de que ellos hubiesen entendido la libertad que viene al hacerse viejo.
¿A quién le interesa si escojo leer o jugar en el ordenador hasta las 4 de la mañana y después dormir hasta quien sabe que hora?
Bailaré conmigo a esos maravillosos acordes de los 40- 50 y 60 y si deseo en ese momento llorar lo haré.
Sé que algunas veces soy olvidadiza. Pero, algo de la vida también se olvida y siempre me acuerdo de las cosas importantes. Claro, a través de los años mi corazón se ha roto. ¿Como no vaa a romperse el corazón cuando pierdes a alguien querido, o cuando sufre un niño o cuando muere tu mascota?. Pero los corazones rotos son los que nos dan la fuerza, el entendimiento y la compasión.
Estoy agradecida por haber vivido lo suficiente para que mis cabellos sean canosos y tener la sonrisa de mi juventud antes que surcos profundos en mi cara.
Puedo decir “no” cuando lo desee y puedo decir “si” cuando me apetezca.
Cuando vas envejeciendo, es más fácil ser positivo. Te preocupas menos de lo que las otras personas puedan pensar. Ya no me cuestiono. Hasta me he ganado el derecho de estar equivocada.
Me gusta la persona en la que me he convertido.
No voy a vivir para siempre, pero mientras esté aquí, no perderé el tiempo en lamentarme por lo que pudo ser.

Me sorprendió mucho, ya que no me considero vieja.
Cuando vio mi reacción inmediatamente se arrepintio de lo que habia dicho, pero le expliqué que era una pregunta interesante y que la pensaría y le haria saber mi respuesta.
Mi decision es que hacerse vieja es un regalo.
Yo soy ahora, probablemente y por primera vez en mi vida la persona que siempre quise ser.
Algunas veces me miro las arrugas, los ojos con ojeras, y las canas. Y a menudo me sorprendo de la persona que vive en mi espejo, pero no pienso sobre estas cosas por mucho tiempo.
No cambiaría mis sorprendentes amigos, mi vida y mi familia, por menos cabellos canosos y un estómago plano. Al envejecer, me he vuelto más amable conmigo, y menos crítica sobre mí misma. Me he convertido en mi amiga.
No me regaño por comer una galleta extra o por no hacer mi cama o por no comprar ese juego de cojines que no necesitaba. Estoy en mi derecho de ser un poco desordenada, ser extravagante y oler las flores.
He visto a muchos queridos amigos irse de este mundo muy pronto, antes de que ellos hubiesen entendido la libertad que viene al hacerse viejo.
¿A quién le interesa si escojo leer o jugar en el ordenador hasta las 4 de la mañana y después dormir hasta quien sabe que hora?
Bailaré conmigo a esos maravillosos acordes de los 40- 50 y 60 y si deseo en ese momento llorar lo haré.
Sé que algunas veces soy olvidadiza. Pero, algo de la vida también se olvida y siempre me acuerdo de las cosas importantes. Claro, a través de los años mi corazón se ha roto. ¿Como no vaa a romperse el corazón cuando pierdes a alguien querido, o cuando sufre un niño o cuando muere tu mascota?. Pero los corazones rotos son los que nos dan la fuerza, el entendimiento y la compasión.
Estoy agradecida por haber vivido lo suficiente para que mis cabellos sean canosos y tener la sonrisa de mi juventud antes que surcos profundos en mi cara.
Puedo decir “no” cuando lo desee y puedo decir “si” cuando me apetezca.
Cuando vas envejeciendo, es más fácil ser positivo. Te preocupas menos de lo que las otras personas puedan pensar. Ya no me cuestiono. Hasta me he ganado el derecho de estar equivocada.
Me gusta la persona en la que me he convertido.
No voy a vivir para siempre, pero mientras esté aquí, no perderé el tiempo en lamentarme por lo que pudo ser.





