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LAS MANOS Y EL CORAZON el Jue Nov 05, 2009 7:55 pm
MONICA
Administrador
¿Has pensado alguna vez cuánto valen nuestras manos?.
Cuando llegamos al mundo, nuestro primer contacto es con un par de manos suaves que nos reciben en el regazo de nuestra feliz mamá.
Las manos son las palabras del corazón.
Pues a través de ellas amamos, odiamos, cogemos o damos, golpeamos o acariciamos.
Pero como las manos de mamá no volveremos a encontrar ningunas a lo largo de nuestra vida.
Calmando con ternura el dolor de nuestra caída al correr. O secando con dulzura nuestras lágrimas después de haber fallado un reto.
Las manos que se estrechan firmes al saludar o más suavemente al hacer una nueva amistad. ¡Ese es ya un gesto universal!.
Las que acompañan a tus labios cuando de lejos tiras un beso para que la brisa se lo haga llegar. Las manos del viejo quiosquero de la plaza ¡que siempre te daba un caramelo de más!
Las manos que hacen música con tan sólo rozarte.
Y las que con increíbles caricias tiernas, hacen brotar de una guitarra las más hermosas melodías.
Las manos del cartero que te trae ¡por fin! la noticia esperada.
Las manos del amor, que acarician suaves y curiosas rincones escondidosde tu cuerpo, descubriendo la belleza del compartir.
Las manos que aman sin sonidos, sin miradas, las que estando abiertas siempre te ofrecen y las cerradas que no quieren dar.
Esas mismas manos que golpean y lastiman con fuerza tu cuerpo, sufriendo ellas mismas por hacerlo.
Las manos que nos dan protección, las que modelando cualquier material, crean arte, las que amasando nos alimentan con pan. Las manos en el acto de bendecir, las manos en el acto de perdonar.
Las manos son los sentimientos del corazón.
¡Porque el corazón sin las manos no podría hablar!
Las manos que curan con la energía sanadora.
Porque las manos son la expresión del amor, en franca conversación con el corazón, sobre todo, cuando se trata de dos.
Las manos que marcan y guían el camino, como la brújula al norte.
Las manos que pueden leer, porque no ven o las que hablan sin tener voz. La paz en las manos abiertas hacia arriba.
Dame tu mano y tendrás mi corazón.
Toma mi mano y sírvete de ella lo que desees.

Cuando llegamos al mundo, nuestro primer contacto es con un par de manos suaves que nos reciben en el regazo de nuestra feliz mamá.
Las manos son las palabras del corazón.
Pues a través de ellas amamos, odiamos, cogemos o damos, golpeamos o acariciamos.
Pero como las manos de mamá no volveremos a encontrar ningunas a lo largo de nuestra vida.
Calmando con ternura el dolor de nuestra caída al correr. O secando con dulzura nuestras lágrimas después de haber fallado un reto.
Las manos que se estrechan firmes al saludar o más suavemente al hacer una nueva amistad. ¡Ese es ya un gesto universal!.
Las que acompañan a tus labios cuando de lejos tiras un beso para que la brisa se lo haga llegar. Las manos del viejo quiosquero de la plaza ¡que siempre te daba un caramelo de más!
Las manos que hacen música con tan sólo rozarte.
Y las que con increíbles caricias tiernas, hacen brotar de una guitarra las más hermosas melodías.
Las manos del cartero que te trae ¡por fin! la noticia esperada.
Las manos del amor, que acarician suaves y curiosas rincones escondidosde tu cuerpo, descubriendo la belleza del compartir.
Las manos que aman sin sonidos, sin miradas, las que estando abiertas siempre te ofrecen y las cerradas que no quieren dar.
Esas mismas manos que golpean y lastiman con fuerza tu cuerpo, sufriendo ellas mismas por hacerlo.
Las manos que nos dan protección, las que modelando cualquier material, crean arte, las que amasando nos alimentan con pan. Las manos en el acto de bendecir, las manos en el acto de perdonar.
Las manos son los sentimientos del corazón.
¡Porque el corazón sin las manos no podría hablar!
Las manos que curan con la energía sanadora.
Porque las manos son la expresión del amor, en franca conversación con el corazón, sobre todo, cuando se trata de dos.
Las manos que marcan y guían el camino, como la brújula al norte.
Las manos que pueden leer, porque no ven o las que hablan sin tener voz. La paz en las manos abiertas hacia arriba.
Dame tu mano y tendrás mi corazón.
Toma mi mano y sírvete de ella lo que desees.











